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Dunkerque: La iglesia en las dunas 

Se conoce como “veterano” a una persona con una extensa historia de conocimiento en algo. A alguien ampliamente experimentado y con una maestría suficiente para dar cátedra compleja en su especialidad. Pero el término, sobre todo en inglés (el idioma central en la película Dunkirk), es usado primariamente para describir a quien haya servido en combate militar. La guerra, ejemplificada como el epítome del infierno en la tierra, es un suplicio humano de tal magnitud que sobrevivir tan siquiera una guerra convierta a cualquiera en un veterano.

La película Dunkirk empieza con una toma en una ciudad fantasma, recientemente evacuada y con los escombros del conflicto flotando en el aire, describiendo un mundo forzosamente sumergido en una guerra que no sabe cómo terminar pero sigue intentándolo. El sonido nunca abandona al espectador, ya que la banda sonora estilizada como en la era clásica de Hans Zimmer nos deja un sentimiento de tensión descrito como Escala de Shepard, recordándonos que en la guerra cualquiera puede morir, y el fuego enemigo llega en cualquier momento.

En la secuencia inicial, media docena de soldados jóvenes camina lentamente, intentando no sacudir nada, pero las balas prontamente se van deshaciendo de ellos uno por uno. Tommy (interpretado por Fionn Whitehead en su primera película internacional) es rápidamente presentado como el protagonista, sobreviendo y rescatando heridos. Así se encuentra con un hombre conocido solo como Gibson. Gibson no tiene identidad más que sobrevivir y ayudar a sobrevivir. Con este vínculo austero, Tommy se dirige hacia el muelle, donde Nolan nos muestra la línea temporal más sencilla de eventos en cualquiera de sus películas hasta la fecha: tres perspectivas.


El tiempo en Dunkirk es primariamente lineal (en la guerra, uno busca salir), pero contado desde las tres dimensiones donde se luchó en la Segunda Guerra Mundial: tierra, mar, y aire. Cada perspectiva tiene su pérdida y su esperanza. Y cada parte es convenientemente subtitulada en uno de los elementos narrativos más accesibles de Nolan.

 1. El muelle

​El primer hilo de la trama lanza a Tommy hacia una salida de la guerra, pero el rescate no llega. Junto a Gibson, Tommy lleva a un herido hacia un barco a punto de zarpar, con la tensión sonora en perpetua escala. Gibson prontamente muestra su naturaleza de escapista, aferrándose a los fundamentos del muelle, donde Tommy lo acompaña y llega a escuchar el plan del Comandante Bolton (interpretado por el veterano Kenneth Branagh). Cuando el barco con los heridos sucumbe a fuego enemigo, Gibson y Tommy siguen su naturaleza de guerra: avanzar. Y así se mueve la trama de nuestro primer protagonista.

2. El mar

​El ganador del Oscar Mark Rylance es Mr. Dawson, un padre determinado en ayudar a su Patria Real rescatando a los soldados estancados en Dunkerque. Junto a su hijo, Peter (el novato Tom Glynn-Carney) y George, un joven lleno de determinación, zarpan en el Moonstone, un yate a motor de los años 30, con capacidad de 10 personas pero destinado a rescatar a más de 60.

3. El aire

​Tom Hardy, la cara joven más reconocible del elenco, hace volar a Farrier, un talentoso piloto que derriba bombarderos como pasatiempo, salvando vidas a costa de su disminuyente combustible. Es en estas tomas aéreas que más se luce el cinematógrafo holandés Hoyte van Hoytema. Las perspectivas son humanas e igualitarias, donde la mayor grandeza está en el espíritu humano y su capacidad de sobrevivir, más allá del mundo explosivo fabricado por las instituciones a cargo.


En las películas de guerra, existen numerosas convenciones y expectativas. Uno espera ver jóvenes morir, sin aviso, ceremonia, o piedad, pero sentimos alivio cuando también muere el enemigo, y con él toda intención de causar daño a otro ser humano. La narrativa de Dunkirk es tejida como un agradecimiento a los Veteranos quienes entregaron su salud y su esfuerzo para alejar la guerra de los inocentes a la medida de sus capacidades.

La culpa entre sobrevivientes es real, y vemos sus efectos en un soldado que se suicida, buscando el escape en las olas furiosas. Frecuentemente esa culpa se ve reflejada en palabra: “no hicimos nada, solo sobrevivimos”. Y en un mundo actual donde los medios proliferan suicidios de celebridades con una frecuencia sin precedentes, suena más verdadero que nunca el pensar que simplemente seguir aquí es un acto de guerreros.

El Sr. Dawson representa esa sabiduría de Veteranos: los hombres jóvenes mueren en guerras diseñadas por hombres viejos, quienes saben más, resienten más, y desean un mañana próspero aún más que cualquier novato. Y es un esta desigualdad de conocimientos y capacidades que surge inevitablemente el corazón de Dunkirk. Aunque los barcos se hundan, la cámara se mantiene con los soldados, refractándose solidariamente entre los medios de mar y tierra, oxígeno y asfixia, o tranquilidad vs bombardeo.

La película muestra un tipo silencioso de amor, presente en los pequeños detalles, ya sea Dawson aprobando la decisión de su hijo de mentirle a un Soldado Temblante (Cilian Murphy en este caso), diciéndole que el joven a quien él hirió se encuentra bien. O Tommy defendiendo a Gibson y su honor cuando éste es acusado de ser un espía. O Farrier aceptando su destino como prisionero de guerra luego de salvar a cientos de jóvenes.


Dunkirk representa una masculinidad positiva, una que pretende llevar a la sociedad a un progreso, ayudando al prójimo y dejando los desastres en las manos de quienes comienzan las guerras: los patriarcas antiguos. La Segunda Guerra Mundial dejó una huella indeleble en la humanidad, influenciando cineastas y otros artistas sin fin discernible. De tal consecuencia fue la Guerra que la perspectiva global hacia la guerra se consolidó como una de desdén, evitando conflictos armados entre naciones a como dé lugar. Luego de firmar Tratados y Convenios, nos queda solo esperar un mundo mejor que el de aviones diseñados con un sonido que inspire miedo en quienes lo escuchen a cualquier distancia.

En esta historia, es responsabilidad de los mayores quedar en el pasado, mientras las generaciones siguientes avanzan hacia un futuro más pacífico. No es coincidencia el nombre de Tommy, quien pinta la paleta del filme como un catálogo de Tommy Hilfiger, aspirando a prosperidad y compostura.

De los 10 largometrajes de Nolan hasta la fecha, Dunkirk es posiblemente el más anclado en la tierra, aunque la tierra solo aparezca en los primeros minutos, y se represente como tema visual en el elemento divisor de la arena, igualando a todos los humanos como una especie en constante aprendizaje. El ojo trascendental de Christopher Nolan nos ofrece una perspectiva donde los jóvenes inspiran esperanza al regresar a su hogar, dejando atrás a los señores que saben cómo terminar la guerra, cómo elegir las armas del mañana, y cómo pintarle el conflicto a la Prensa.

De regreso a casa, los soldados esperan lo peor, representado por un hombre golpeándole a la ventana del tren. Pero parafraseando el artículo del periódico que los recibe, en el presente vive la esperanza del futuro, un mundo más pacífico que el ayer. Un mundo donde quien golpea ventanas de un tren con soldados sobrevivientes simplemente quiere invitarlos a una bebida fría de bienvenida a casa. Un mundo donde la paz es apreciada por quienes fueron salvados, quienes le entregan paz mental a los jóvenes veteranos, recordándoles que en la austeridad, sobrevivir es suficiente. Y es en esta fe y esperanza en el mañana que yace el espíritu etimológico de Dunkerque: una iglesia en las dunas.

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