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Review: Thor: Ragnarok – El fin de Valhalla

Centrada en el medio de la Fase 3 de Marvel Studios, la película de acción-comedia Thor: Ragnarok da la chispa más explosiva cuando el humor de Taika Waititi se combina con la bufonería estelar de Chris Hemsworth.

Bañada en luminosos colores y sonidos estrambóticos, Ragnarok ataca directamente los defectos de su marca hundiéndose en ellos sin disculpas. Reconociendo los numerosos vídeo-ensayos en medios “necesarios” hoy en día como Youtube, uno de los problemas que Disney Studios podría importar hacia las películas de Marvel Studios era el siguiente: la ligereza de tono podría sustraer valor de las escenas emocionales fuertes. Iron Man, cimentando la estructura que le daría esqueleto al género fílmico de “Universo Extendido”, atacaba el problema político de la venta de armas de Estados Unidos al Medio Oriente. Y desde entonces, las tramas de superhéroes para la familia han requerido más humor para llenar asientos en las salas y apelar a un público menos sombrío.

Tony Stark no es olvidado en esta película. Los presagios a Infinity War son evidenciados con referencias a los demás Vengadores, y las menciones de otros personajes calzan dentro del contexto en el cual se expresan los personajes. Otro defecto de las “películas Marvel” es lo “desechable” que se terminan sintiendo varios elementos: la música, la fotografía, los villanos, las motivaciones y las estructuras de trama. En Thor 3, el deseo de sobresalir como la cúspide de la trilogía de trueno se nota en la música alienígena y animada del planeta hedonista Sakaar, conocido en los comics como Planet Hulk. Además de ello, la cinematografía del vasco Javier Aguirresarobe intenta empujar hacia la expresión de autor mientras navega las limitaciones corporativas que Disney paga para cumplir.

Como queja válida es que los detalles, que en esta película son el relleno entre narrativas, como Heimdall refugiando a Asgard hasta la línea del Tercer Acto en el cual Thor invoca a Odin para su inspiración galvánica, fungen como una fórmula estructural. Esto no quiere decir que Thor Ragnarok sea una película formulaica, sino más bien que es una película que no podría existir sin el nivel de producción, presupuesto y publicidad con los que cuenta Walt Disney Studios Motion Pictures.

La queja de cinematografía insípida y música olvidable en las cintas de Marvel es desafiada con fuerza en Thor Ragnarok, donde los sonidos de Sakaar transportan al espectador junto al bombardeo de colores y texturas variadas y extraterrestres, en un planeta que mezcla el recuerdo de rompecabezas post-apocalípticos de Wall-E y la ultra-urbanización futurista de muchas obras animadas de Asia.

Los personajes respiran con aire novedoso y memorable, aunque sobresalen menos los personajes nuevos. Valkyrie/Valquiria/Chatarrera 142/Brunhilde/Tessa Thompson es un personaje confundido y ligeramente confuso. Interpretado por una americana usando un acento colonial, esta ex-guerrera vive una vida de conformismo recolectando luchadores para el Gran Maestro (o lo que sucede cuando el director le pide a Jeff Goldblum que improvise todo), hasta que Thor la confronta en una larga secuencia de pelea emocional memorable (la brusquedad y delicadeza con la que abordan a un Hulk progresivamente humanizado es de los puntos altos en la franquicia).

Loki, como es esperado, mantiene su lealtad en suspenso, permitiéndonos exposición saludable al hacernos imaginarlo a él junto a Thor como niños, o cómo un dios patriarca se despediría de sus hijos si fuera un mortal acercándose al final de sus años ancianos. Además de esto, Ragnarok nos muestra lo que faltaba explorar de Asgard: cómo hace Heimdall para escuchar a quien lo llama, si lo que él hace es observar, o cuántas veces puede ser destruído Bifrost, cuántos habitantes hay en Asgard, cuánto Karl Urban disfruta las películas basadas en comics, o cómo se puede conectar el símbolo de la Triquetra con Thor.

La trama en sí fluye como Mjolnir volando en línea recta, aunque titubea hacia la mitad para enseñarnos por qué Hela y los hermanos Odinson solo pueden convivir en Asgard peleando. Los personajes hablan y se mueven rápido, para no perder la atención del público joven (y el panameño)  y los conflictos se enfrentan rápidamente para no ahogarse entre un mar de personajes, nombres y escenarios. Pero se nota que Waititi y compañía se divirtieron creando el tercer capítulo fílmico de Thor: el más caótico, estruendoso y esforzado en entretener.

Los Ásatrú, asiduos al panteón nórdico, tampoco serán defraudados ya que la apropriación de símbolos, runas, y otros elementos imperdibles para el dios del Trueno hacen vibrar el espectro de Ragnarok, brindando humor, confusión, y tensión a esta película para toda la familia pero enfocada a adolescentes y adultos jóvenes. Posiblemente la opinión que las películas de Thor son las peores de los Vengadores por sí solos venga del hecho que los directores Kenneth Brannagh y Alan Taylor son mayores que Taika Waititi, posiblemente dirigiendo los dos primeros filmes de la trilogía a un público mayor y más aburrido sin darse cuenta.

En la tercera entrega, los personajes ya queridos vuelven, recordando el pasado y trazando su futuro. Entre los personajes nuevos están Korg, interpretado por el director de la obra, y su amigo Miek, un insectoide que se comunica en comedia no-verbal. Ambos engrandecen la mitología de Marvel Studios y le dan más figuras coleccionables disponibles a los niños fans.

Sin necesidad de arruinar mucho la trama, el clásico Immigrant Song de Led Zeppelin hace explotar los puntos clave de la historia (los realmente vinculados con el concepto cultural del Ragnarok), al principio y en el clímax, brindándole fanservice (cumpliendo el contrato pasional acordado por lo que se le promete al público) tanto a espectadores novatos como a los fieles: ¡Fenris, Surtur, Heimdall, Planet Hulk, naves espaciales, gemas de la infinidad, Guante de la Infinidad en Asgard, Jeff Goldblum!

Con una historia que se escribe sola, un cameo de Doctor Strange al inicio, una obra teatral hecha por Loki disfrazado que recapitula la trilogía, una introducción magistral a una villana que solo trae muerte y recuerdos oscuros y una conclusión al patriarca encarnado por Anthony Hopkins, el mejor Hannibal Lecter, Thor: Ragnarok satisface, y es la goma que ata en una pieza a la Fase Tres de Marvel Studios, palpando el inicio de la tan temida ruptura de la burbuja fílmica de superhéroes. O como la llamo yo: El Ragnarok de Marvel.

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    1 Comment

  • Reply I'm the watcher on the chair November 7, 2017 at 10:58 pm

    A disfrutar mientras dure la burbuja.

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